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Estadio Fenix - Sábado 17 a las 15 hs
Fútbol por la Vida a beneficio de la Fundación Bryan Balzano en Pilar

Buenos Aires (12/12/2011)- Este sábado 17 de diciembre a las 15 hs se realizará un partido a beneficio en el Estadio del Club Fénix de Pilar (Ruta 28 Km 6 y Fitz Roy). El partido "Fútbol por la Vida" será a total beneficio de la Fundación Bryan Balzano (institución que trabaja sobre patologías neurológicas en niños). Venta de entradas en las boleterías del estadio Fénix el 17 desde las 13 hs o anticipadas llamando al 011-15-6143-2325 de 14 a 18 hs.

Más info en www.futbolporlavida.com

Con el número de entrada participan del sorteo para jugar al fútbol con los futbolistas de todos los tiempos y los famosos de la TV. Además, podrán ganarse una camiseta autografiada por todos.

El evento contará con el arbitraje del árbitro internacional Pablo Lunati,
importantes figuras del fútbol de todos los tiempos y famosos de la TV actual. Será a total beneficio de la Fundación Bryan Balzano, pequeño que sufre del Síndrome de West y necesita continuar con un tratamiento médico muy costoso.

Datos para colaborar:

Número de cuenta benéfica en todas las sucursales del Banco de la Nación Argentina:

DECIR: CUENTA BENÉFICA CÓDIGO MR Nº 14048824/9

Sucursal Floresta de Av. Rivadavia y Pasaje Belén

C.U.I.T. 20-18.629.212-0 Sergio Fabián Balzano

Para transferencias por Internet:

CBU: 01100143-30001404882497

Acerca de Bryan Alexis

Bryan Alexis nació el 8 de Enero de 1998 por parto natural. Su mamá estaba perfectamente normal y rompió bolsa con líquido claro, lamentablemente cuando habían pedido que naciera por cesárea, el obstetra dijo que no se podía.

Mientras estaba bajando normalmente por el canal de parto de repente, se quedó trabado y no pudieron sacarlo ni aún si ¨hubieran utilizado fórceps¨. El resultado de una mala praxis fue que Bryan se ahogo, y nació muy deprimido, sin respiración. Trataron de entubarlo tres veces, sin resultados, hasta que por fin después de media hora de lucha entre sacarlo del canal de parto y entubarlo de varias formas, lograron hacerlo reaccionar.

Debido a la mala praxis médica, los padres de Bryan han luchado durante los últimos años, balanceándose entre la vida y la muerte, ya que Bryan quedó con una seria afección pulmonar y cerebral, además de adquirir Síndrome de West refractario severo como base.

Después de luchar durante años, y no tener progresos con métodos convencionales, llegaron a desahuciarlo en relación a lo que tiene que ver con su estado neurológico, sus problema respiratorios, reflujos, sincopes (Desmayos) pronosticando un límite de vida muy corto e incierto, ya que sufría diariamente unos 60 episodios de más de 100 salvas epilépticas cada uno, que dejaban su cerebro cada vez más dañado y con mayor deterioro cognoscitivo.

Luego pasó a la etapa de lo que se conoce como gran mal, teniendo 16 síncopes al día con pérdida de conocimiento, respiración detenida e incontinencia de esfínteres. Las crisis epilépticas no se podían controlar con medicamentos químicos alopáticos, aún de última generación.

Su Padre, profesional en el área informática, sin conocimientos previos de medicina alguno se comenzó a dedicar enteramente a él, y encontró médicos, medios, medicamentos y métodos alternativos mediante la investigación, el estudio, el trabajo, aún cuando todos los neurólogos se le opusieron.

Bryan estaba a cargo de un equipo completo de epilepsia que contaba con los más actualizados y experimentados especialistas en neurología convencional, en total 13 neurólogos trabajando al unísono en un determinado momento de la vida de Bryan cuando todo era negro, y este hermoso niño no podía percibir por estar narcotizado el mundo que lo rodeaba.

La persistencia de su Padre, aún cuando encontró siempre marcada oposición de la medicina de aquel entonces, y en variadas etapas de su propia familia, ha logrado encontrar métodos alternativos, compuestos específicos para lograr el control y posterior superación de la epilepsia generalizada refractaria de difícil control, que más de 20 especialistas en neurología, aun narcotizando a Bryan, no pudieron controlar.

El trabajo y el amor de un padre contando siempre con la ayuda de Dios y su esposa, pudo hacer esto realidad, para brindarle una mejor calidad de vida a su hijo, la posibilidad de rehabilitarse, aprender y alcanzar una vida mejor.

Actualmente Bryan ya no necesita de ninguna medicación especial para el control de las crisis, recuperando también varias funciones naturales que perduran y mejoran mediante estimulación especial. Los métodos de rehabilitación y demás terapéuticas que Bryan recibe hoy, son todos muy costosos, y los necesita seguir recibiendo durante algunos años más hasta que alcance su desarrollo final, y logre enderezar toda su estructura músculo esquelética, para lo cual trabajan arduamente.

Lamentablemente todos estos métodos y tratamientos no convencionales, no son pagados por ninguna obra social y sus padres afrontan compromisos económicos enormes mes a mes, contando solo con la ayuda de sus sponsors.

Ha sido el sueño de su padre la creación de una Fundación que alcance a todos los niños que sufren estas severas complicaciones para poder brindar aquellos conocimientos alcanzados en muchos años de arduo trabajo, estudio y sufrimiento mientras la vida de su hijo se debatía entre la vida y la muerte, damos gracias a que esa etapa tan difícil ha sido superada y ahora estamos trabajando para que Bryan pueda recibir educación y estimulación correcta, para alcanzar una buena calidad de vida y ser lo mas independiente posible.

Acerca del Síndrome de West

Un síndrome es un conjunto de signos y síntomas que se representan juntos y caracterizan un trastorno.

Ocasiona convulsiones y lento desarrollo del niño.

El síndrome de West o de los espasmos infantiles es una enfermedad poco frecuente, pero severa, que se presenta con mayor probabilidad en bebés prematuros o con mala oxigenación cerebral al momento de nacer (hipoxia neonatal), ya que son propensos a sufrir daño neuronal. El pronóstico no siempre es favorable, pero con terapias adecuadas y la colaboración de la familia es posible lograr un buen control y condiciones que permitan mejoría del menor.

Dicho padecimiento “fue descrito por primera vez en 1841 por el médico británico William James West, quien encontró que su hijo presentaba una forma peculiar de crisis (espasmos) que no se solucionaba fácilmente, y solicitó ayuda a sus colegas a través de una carta. Desde entonces se han registrado adelantos notables, hay más información, y ahora sabemos que se trata de una forma grave de epilepsia con secuelas considerables y de difícil control.

La especialista comenta que los niños con síndrome de West suelen manifestar la enfermedad entre los 3 y 6 meses de edad y que, por desgracia, siempre tienen algún grado de retraso global en su desarrollo. Asimismo, señala que a pesar de que el conocimiento sobre el padecimiento ha mejorado, todavía hay casos en los que no se diagnostica a tiempo, sobre todo cuando los síntomas son leves (las convulsiones se pueden confundir con cólicos o dolor abdominal), y que inclusive podría ser ignorado por un pediatra con poca experiencia.

Espasmos. Son contracciones en las que el niño parece que va a dar un abrazo (posición de salaam), a la vez que eleva las piernas sobre la pelvis, desvía sus ojos hacia arriba y realiza alguna mueca. Esto puede ocurrir en repetidas ocasiones (en racimo), llegando a sumar hasta 100 en unos minutos.
Retraso psicomotor. Facultades mentales y capacidad de movimiento suelen afectarse de forma notable, al grado de que muchos de estos chicos evolucionan nula o lentamente.
Anormal actividad eléctrica del cerebro. Cuando ésta se analiza mediante electroencefalograma, se descubre un patrón irregular muy especial, llamado hipsarritmia, que fue descrito desde 1952.

Asimismo, detalla que el padecimiento se divide en dos, de acuerdo con sus causas (etiología): idiopático, cuando ocurre sin razones bien definidas, y sintomático, en caso de que haya deficiencias neuronales por causas identificadas, como hipoxia neonatal, algún proceso infeccioso, tumores o lesiones con las que el pequeño nace o que ocurren durante el alumbramiento.

No hay cifras confiables sobre a la frecuencia del síndrome de West, pero de acuerdo con algunas fuentes representa el 10% de los bebés que con algún problema neurológico, y es común el señalamiento de que se observa más en los varones, en proporción de 2 a 1.

Hay ocasiones en que esta enfermedad es antecedida por el síndrome de Ohtahara, que ocurre desde el mes de nacimiento y se caracteriza por crisis con espasmos, severo atraso psicomotor y escasa respuesta a estímulos sensoriales, y también es posible que evolucione a otra forma de expresión clínica, llamada síndrome de Lennox-Gastaut, que “genera otro tipo de convulsiones, altera el comportamiento y requiere de un abordaje distinto. Por suerte, en un niño con West bien controlado y al que se le practica electroencefalograma, se puede detectar este cambio a tiempo para realizar los ajustes pertinentes”.

“Lo importante es que, en cuanto los padres descubran que un niño tiene problemas neurológicos o de desarrollo, y que éstos se acompañan con algún tipo de convulsiones, busquen la ayuda de un médico, en especial del neuropediatra, para que se realice el diagnóstico lo más pronto posible, se emprendan las medidas de atención más convenientes y el chico evolucione mejor”.

El tratamiento del síndrome de West se basará en el uso de medicamentos antiepilépticos, que se tomarán por tiempo indefinido, además de que se recomienda que el bebé reciba estimulación temprana y terapia de rehabilitación de acuerdo con su edad. Cabe señalar que los niños siempre quedan con alguna secuela, pero se sabe que hay pequeños con deficiencias en lenguaje, para caminar o de aprendizaje, que han recuperado buena parte de sus funciones.

Aunado a lo anterior, “existe un factor extra que siempre hemos propuesto para este padecimiento, y es el amor que se le debe dar al niño. En efecto, el chico puede tener retraso, mostrarse triste o indiferente, pero percibe a través de la piel, entiende cómo se le trata y se expresa de manera especial con su mirada; sabe cuándo es rechazado y distingue los sentimientos de sus padres hacia él”.

El pronóstico va a depender de las causas y del momento en que se inicie el tratamiento (es más favorable si comienza dentro de las seis primeras semanas de desarrollado del padecimiento). Sin tratamiento y medicamentos es muy raro que se controle, y en cambio se aumenta el riesgo de que el pequeño desarrolle enfermedades respiratorias o hipertensión endocraneal (aumento de la presión al interior de la cabeza que afecta el funcionamiento cerebral), mismas que pueden desencadenar su fallecimiento.

En cuanto a los resultados que los padres pueden esperar, “todo depende de la atención que se le brinde al pequeño; a veces esbozan sonrisas, se ven tranquilos, y empiezan a responder a las caricias, al contacto y al afecto que se les da.

Por otras imágenes, audios o entrevistas no dude en contactarse

Lic. María Fernanda Ipata
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